Me veras andar, y no me encontraras
Me verás andar, y no me encontrarás,
jamás.
El precipicio existe antes de saltar,
y yo ya no estoy para brincar:
solo escucho la guillotina bajar,
cómo cae y con su filo va a cortar
un amor que ya no fue amar,
que ni siquiera quiso luchar.
Su cabeza rodó sin mirar atrás,
hace tiempo… y no miré más.
Me verás andar, y no me encontrarás,
otra vez.
No mañana: ayer.
El Arlequín vive en un país ancestral,
bufón cansado, artista del pesar,
mendigo de risas que no quieren brotar.
Cumplió su función, no supo escapar.
El espectáculo llegó a su final
y quedó guardado,
como polvo viejo en un libro igual,
en una página que no vuelve a pasar.
Me verás andar, y no me encontrarás,
como ayer, como igual.
Fantasma huyendo de una casa sin mal:
ya no hay nadie a quien asustar.
Nadie escucha su lamento al pasar,
así que aprende a volar.
Los fantasmas se van cuando no queda nada,
su luz es su hogar.
A la luna regresa, se deja borrar,
se funde en el tiempo, no lo podrás atar
ni con ruegos,
ni con ganas de saltar.
Todo fue olvidado:
su momento ya no está.
Me verás andar, y no me encontrarás,
eternamente, en sueños quizá.
Ya no existo en el país de maravillas:
ni Alicia ni el sombrerero podrán
nombrar esta locura que enfermó sin sanar.
No hay curas, me dejo hundir,
pero el suelo ya no es suelo al caer:
es cielo al final.
Soy estatua que aprendió a volar,
y no quedan dudas,
esto termina acá…
lo supimos siempre,
desde mucho más atrás.
Me verás andar, y no me encontrarás,
pero intenta mirar.
Mira cómo vuelo, despierta al soñar.
Quédate atenta: tú también puedes llegar.
Salta sin miedo al precipicio fatal,
espera la caída sin mirar atrás.
Hay vientos que hipnotizan al pasar
y enseñan a volar.
Entonces no habrá final,
nunca más.
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